
LA
MASÍA
Encanto
renacentista valenciano
La
Masía situada actualmente en Torre d´En Conill
se trata de una casa de campo noble que perteneció
a los Señores de Bétera. Al parecer, la seña
de identidad del lugar está en la ermita, tal como
confirman los documentos y archivos encontrados. Lo que no
está muy claro es la fecha exacta en que se mandó
construir. Según los archivos, ya existía en
el año 1500, por lo que se puede afirmar que tiene
más de 400 años y es del S. XVI.
En el S. XVIII Giner Rabassa de Perellós y Palafox
ha sido uno de los dueños que habitó la Masía.
Después sería su hijo, Vicente Dasí,
VI marqués de Dos Aguas y su nieto, Pascual, vizconde
de Bétera. Por su bisnieta, Sofía Dasí,
casada con el conde de Berbedel y su hijo Vicente, barón
de Antillón. Y por último, el empresario don
Juan José Lliso, casado con Rosario Giner, antes que
la adquiriera la sociedad TEDESA y que se convirtiera a mediados
de los años setenta en el Pabellón Social (Casa
Club) del CG Golf Escorpión.
En
un principio, la planta baja de la Masía estaba destinada
a almacenar las cosechas, la bodega, la despensa de víveres,
los aposentos de los empleados y también las cuadras.
En el fondo, en las afueras, había un corral y un aljibe.
La vida familiar
de los señores de Bétera se circunscribía
en la planta alta. Se puede comprobar en su interior. Los
chapados de madera que visten sus paredes y sus magníficas
chimeneas, que se mantienen intactas en la decoración
del club social valenciano.
Grandes
salones, amplias habitaciones, su sala de estar, la correspondiente
biblioteca una verdadera obra de arte, el comedor,
próximo a una sugestiva cocina. Los aseos y sus baños.
La cocina estaba situada justo encima de la despensa de víveres
mientras que la alcoba principal ocupaba todo el ala Oeste
del edificio.
El
mobiliario tenía, lógicamente, el estilo clásico
de la época. Todo ello complementado con la armonía
y suntuosidad de sus enormes chimeneas en cada una de sus
salas. Lo que más destacaba, asimismo, era su suelo.
Mosaicos finos decorados con cerámica que marcan, con
el tiempo, el sabor añejo del pasado. El mosaico
que había en un dormitorio pertenecía a la época
de Carlos IV. La sala noble, conocida por la avant
de don Gaspar, es del siglo XVIII, estilo chinesco. Todos
estos detalles los dio el catedrático de Historia y
Arte, Daniel Benito, que también destacó el
mosaico, dijo Primitivo Gómez Senent.
La ornamentación
también es muy importante en las fachadas de las masías.
Aunque sus ventanas no sean excesivamente grandes, tienen
un encanto renacentista y en la parte principal está
el reloj de sol. Ventanas vestidas de flores, al igual que
los macetones de plantas circundan la casona. Son rasgos característicos.
Como la puerta principal, alta y con espacio suficiente para
la entrada de carros de la época.
La Masía
valenciana no tiene decoraciones talladas en los aleros del
tejado ni frisos en las columnas. Más bien sus formas
son rectas. Sin embargo, posee una gran elegancia, tanto en
su interior como en su exterior.
Cuando
yo era presidente del Club llevé a varios expertos
para que examinaran la Masía, añadió
Gómez Senent. Existen documentos del marqués
de Dos Aguas, como también del historiador Pascual
Dudas. La Masía fue construida hace más de 200
años. Además, tiene carácter histórico.
Torre En Conill era todo un conjunto, casa de campo y terreno.

La penúltima
restauración la hizo el arquitecto Pascual Machos,
en 1896, una fecha que aparece junto al reloj de sol de la
fachada principal. Igualmente se colocaron las rejas en las
ventanas y se hizo el remate del tejado y se pusieron los
grandes macetones. Después se construiría la
escalera de mármol que diera acceso a la planta noble,
recuerda. Primitivo Gómez Senent conoce todos los detalles,
y asegura: La Masía es muy bonita, sí;
pero también un hueso. Necesita una restauración
para devolverle la vida.
Una iniciativa
que asumió la anterior Junta Directiva, presidida por
Juan Bover. La construcción era muy antigua, como también
sus materiales. Los rectores del club mantuvieron la misma
fisonomía del edificio y se hizo una restauración
en toda regla. Sin romper la estética y sin cambios
que puedan resultar demasiado modernos, al tratarse de un
monumento histórico valenciano.
Después
de la ampliación del campo a 27 hoyos por el ingeniero
Alfonso Vidaor para favorecer el juego del golf a los socios-practicantes,
se rehabilitó las dependencias del ala Oeste de la
Masía durante el año 2003. Hoy, los socios no
-jugadores ya pueden disfrutar todas sus instalaciones. La
decoración actual, igualmente, no ha perdido para nada
su carácter eminentemente valenciano y mediterráneo.
La segunda
casa como llaman los ingleses al club para
los socios no jugadores. Un lugar de reunión, cómodo
y que sus asociados se encuentren como en su propia casa.
