tee de las 5:00

Hay mercado para un millón
de españoles practicantes

Por Julius

El golf no deja de sorprendernos. Es como la vida misma. Un desafío constante. Un camino lleno de rosas, pero también de espinas. Nos hace ser más humildes. Más sociables. Más humanos. Nos obliga a una disciplina férrea. Proporciona nuevas amistadres. Hay familias que llevan tres generaciones practicando golf y la cadena sigue.

Aún siendo un deporte individualista y anárquico... hace que nos comamos nuestro propio orgullo. Nos hace trabajar como enanos, sin apenas darnos cuenta. La voluntad que nos falta muchas veces, nos sobra en el campo. No tenemos tiempo para nada, pero sí para jugar al golf.

"Los médicos recomiendan pasear. La persona que vive en un medio urbano tiene que pasear, si no le da un ataque," dice el sociólogo valenciano García Ferrando.

El hombre o la mujer tiende a recuperar las tradiciones, como algo cíclico y el golf... nunca pierde su tradición. La familia, el trabajo y el ocio, eso tan preciado y escurridizo. Todo guarda su relación, aunque no se divulgue. Vivimos, todavía, en un mundo materialista. No apreciamos los placeres de la Naturaleza. Tenemos que abrir la puerta para respirar aire fresco.

Los jóvenes empujan. Normal. Son jóvenes. El golf también empuja. No tiene edad. Los adultos parecen jóvenes y los viejos parecen niños. Antes se decía que era una deporte de viejos. Palabrerías. En nuestro país los jóvenes representan más de un 17% y los seniors, un 15,6%. Y eso que muchos dicen que a los 16 años los jóvenes pierden su interés por el golf y a los seniors (55 años) se les considera viejos.

Lo mismo pasa con la etiqueta. "Es un deporte de elite y caro," decían reiteradamente. Ya se ha bajado el listón. Aunque quedan barreras que se deben superar, el golf es el deporte que más ha crecido en la última década. Ahora mismo, ni es elitista ni es popular. Está en un término intermedio. En España es el cuarto deporte más practicado.

Es caro porque el 90% de los campos son comerciales. Es caro porque muchos no quieren abrir los "bunkers" cerrados. Es caro porque los políticos se niegan a reconocerlo y dicen: "Se pierden votos se hablamos de campos de golf". Pronto se romperán las ligaduras. Existe un gran espectro de la población española que puede y quiere jugar al golf. Ya hay 23 campos públicos.

En Guadiaro, el sistema de riego lo hicieron los fontaneros del pueblo. En Llanes, según cuentan, al promotor del campo municipal le eligieron alcalde. En Galicia se hizo un campo impresionante, en el que colaboraron diferentes municipios. Ya no se grita en el desierto como antaño.

En la desértica España se están construyendo campos rústicos. No es negocio para los empresarios, pero es vida, salud y ocio para la gente. Hay una afición de locos. Campos sin verde. Greenes de tierra. Recuerdan a los pastores escoceses que se divertían con los bastones. Ciento cincuenta jugadores para un solo green. A eso se llama afición.

El golf se desborda en España, en la España central y en el Mediterráneo. Y todavía siguen mirando para otro lado los que creen que ostentan el poder y están atados a un gran cúmulo de intereses. Cuando se acaben las subvenciones agrarias de la Unión Europea, se abandonarán las cosechas y habrá suficiente espacio natural para hacer zonas verdes. Parques de ocio, recreo y en un rinconcito de Naturaleza, un campo de golf.

El golf contagia, sorprende y estimula. Hay que abrir la mente. No podemos cerrar la puerta al campo. Además, la historia lo demuestra. El golf, por tradición, es un deporte rural. Se deben multiplicar los campos públicos a precios populares. Así podremos popularizar el golf.
"Hay mercado para un millón de españoles practicantes," remarca García Ferrando, un sociólogo valenciano que cree en el golf y está loco por este deporte.